Construida alrededor de finales del siglo XIX, es uno de los pocos edificios que en la actualidad testimonian los diferentes procesos históricos que atravesó este territorio y es un ejemplo representativo del modelo urbano de la época de consolidación de las nuevas repúblicas en América Latina. La historia de sus diferentes ocupantes refleja el complejo panorama social, económico y cultural de la ciudad de Arica y su importancia en este contexto y la región norte de Chile. A finales de siglo XIX, la casa albergó a la familia Puch, cuyos vínculos de parentesco articularon la historia de la región el sur del Perú, Noroeste Argentino y Sur de Bolivia. La familia Puch fue parte de una red de comerciantes que se desempeñaron como proveedores de carne y otras actividades económicas vinculadas a la industria minera de la región, extendiéndose entre los territorios de Arequipa, Tacna, Pisagua, Camarones, Arica. Posteriormente a la ocupación chilena de Arica, la casa pasó a propiedad de la familia Copaja, cuya genealogía se remonta por lo menos a épocas coloniales en el marco del Virreinato del Perú. La familia Copaja se distinguió en Arica por sus contribuciones a la sociedad. Daniel Copaja Guisa fue el primer farmacéutico de la ciudad a principios de siglo XX. Reconocido fácilmente por la “Farmacia Copaja” ubicada en ese entonces en el cruce de calles Sotomayor con Baqueano.
Archivo fotográfico familia Copaja González.
Raúl Copaja Gassols – Archivo fotográfico familia Copaja González.
Es reconocido también el legado de su hijo Raúl Copaja Gassols, quien fuera médico cirujano dentista, fundador del Club de Leones San Marcos, devoto miembro del Alferazgo de la Virgen de las Peñas, padre, abuelo, amigo y ariqueño ilustre.
Es así que en lo íntimo, la Casa Copaja se constituye en el vestigio de la emblemática familia ariqueña, quien fue amiga y servidora ilustre de los hijos de nuestra ciudad. La “Casa Copaja”, al igual que el Hotel Pacífico, fue sede de las actividades de los ilustres ariqueños de principio de siglo XX. En ella se celebraron solemnes reuniones, celebraciones e incluso se cuenta que fue utilizada como centro de operaciones de la campaña antimalárica en la región dirigida exitosamente por el Dr. Juan Noé Crevanni. Además, la casa es conocida popularmente porque en ella se alojó el padre Juan Alberto Hurtado, quien estuvo de paso por la ciudad el año 1940.
Memorial en homenaje al Padre Alberto Hurtado.
Arquitectura techos Mojinetes.
La casa, además, fue uno de los edificios que probablemente permaneció incólume al desastre ocasionado por el terremoto de 1868 y fue también mudo testigo de los acontecimientos de la Guerra del Pacífico. La importancia arquitectónica de la “Casa Copaja” radica principalmente en su originalidad, ya que ésta es una de las pocas, sino la última, casona con techo de mojinete que queda en Arica.
Este tipo de casas es representativa de la arquitectura que estuvo presente en la región desde finales del siglo XVIII, y constituye una evidencia tangible de sus características constructivas y estructurales. Su construcción involucra el uso del adobe y la quincha o baharaque, una técnica constructiva presente en diferentes culturas precolombinas del continente, ampliamente valorada por su versatilidad y facultades antisísmicas. Un singular grabado sobre adobe cubre la quincha, semejando los grandes salones de la elite francesa.
Construcción en quincha.
Adobes ornamentados.